#MagaveEditorial.- 6/7/2026 .- LOS CAMINOS HACIA EL PODER

 
Los caminos hacia el poder 

El león camina lento, se desplaza sin ruidos, va contra el viento para que no puedan advertir su presencia, sus patas se ubican donde piso la anterior para no causar ruido y alertar a su objetivo, cuando lo tiene listo domina el escenario que le permitirá el éxito.

Para seguir dando esa batalla con más perspectivas y con más posibilidades de triunfo, necesitamos integrar una fuerza ciudadana de manera voluntaria y mediante un serio compromiso de unidad en la diversidad, organización de las fuerzas disidentes y lucha con moral de victoria, todo ello en busca de lograr un mejor destino para nuestro país exigiendo el cumplimiento de las leyes y el respeto a los derechos humanos consagrados nacional e internacionalmente.

Sabemos que hay diferencias al evaluar y tratar de actuar contra quienes ofenden el gentilicio nacional; pero esas diferencias nunca serán mayores que el compromiso de solventar la situación por la cual atraviesa la república.

Si esa unidad superior no se produce, estamos condenados a vivir en un país sin presente y sin futuro hasta que la entropía haga sus efectos en la minoría que nos desgobierna. Quizás sean otras generaciones las que tendrán la oportunidad de reconstruir una Venezuela exitosa alejada de esta locura que ahora nos consume. Nosotros seguiremos padeciendo, por nuestra propia culpa, una realidad que nos merecemos por no haber comprendido que solo esa unidad superior es nuestra responsabilidad.

Es momento de ir por nuestras metas, pues cada sueño nuestro debe ser cumplido para poder tener la vida que nos merecemos con salud, bienestar y libertad. No hay marcha atrás.

Nadie puede defender lo que desconoce ni combatir aquello que ignora. Debemos aspirar a conocer y defender la verdad y, en consecuencia, a combatir los errores que se le oponen. Nunca tendremos la posibilidad de verlo todo; pero el hecho de que no lo veamos no es razón para negarlo. Si no estoy enterado no puedo emitir un juicio temerario sobre ningún aspecto sobre el cual no tenga verdadera información.

La unidad ciudadana es un objetivo que debe tener parámetros de evaluación, debe ser medible en función de los factores que la integran, la aspiramos perfecta; pero se dice que lo perfecto es enemigo de los bueno. Ya quienes tienen, como sociedad civil organizada en partidos políticos, una estructura organizada en todo el país, lograron un acuerdo político, estratégico, electoral, programático y de proyección de unidad nacional.

A ese entendimiento se han sumado los mas variados sectores nacionales que conscientes de la actualidad, han comprendido, sin mezquindades, que esta estrategia va mas allá que la suma de las partes y que constituye la única alternativa para lograr una Asamblea Nacional con reales posibilidades de legislar; de controlar al poder ejecutivo; de equilibrar los diversos poderes de la republica; de acabar con la corrupción; de evitar la podredumbre irresponsable de alimentos y el vencimiento de medicinas; de garantizar el mantenimiento de los servicios de agua y electricidad; de luchar contra la impunidad y el intento por silenciar las críticas; y defender de manera real las aspiraciones del pueblo venezolano.

La organización de las fuerzas disidentes, de la alternativa democrática, que existe, debe dejarse ver haciéndose evidente ante los ojos del país. Debe verse actuando. Todas las banderas unidas en un trabajo cara a cara, casa por casa, con los electores para demostrarles que la unidad no es una entelequia sino una autentica realidad.

Es imprescindible que la unidad de la alternativa democrática tenga una firme moral de victoria. No permitirnos dudar, ni hacia adentro ni hacia afuera, ya que podemos y debemos ganar las próximas elecciones, pues somos una real mayoría. Ya lo dicen todas las encuestas sobre la estrepitosa caída de la popularidad del actual régimen, bien merecida, por cierto, pues sus actos, fuera de toda ética y razón, le condenan al desprecio popular.

Quien intenta dirigirnos hacia etapas ya superadas por la historia de la humanidad debe recibir una derrota significativa por pretender ponernos en las épocas del conuco, del trueque y de la depauperación e intentar igualarnos a todos pero hacia abajo y no en correspondencia con las más naturales tendencias de superación que caracterizan al ser humano en busca de su bienestar y su libertad.

Quien pretende intimidarnos con represión formal o psicológica para inhibir nuestra libertad de decidir sobre nuestra actividad vital y como ciudadanos, no puede salirse con la suya, pues quien a hierro mata no puede morir a sombrerazos. No podemos dejarnos conducir hacia el comunismo cubano cuya ineficiencia está absolutamente comprobada.

Nuestra lucha por triunfar debe estar acompañada por la certeza de la victoria, pues nos sabemos mayoría y ante el miedo nervioso del continuismo y sus intentos de perpetuidad no podemos dejar de trabajar con todas nuestras fuerzas.

Venezuela debe reconciliarse. Ello es necesario para la reconstrucción del país que vive hoy una de sus más profundas e integrales crisis. Es nuestro deber constitucional iniciar la búsqueda de una  salida democrática y constitucional  lo más pronto posible.

La magnitud que conforman opositores y disidentes debe comprometerse con la unidad dentro de la diversidad y reconciliarse consigo misma. 

El análisis cabal de los antecedentes, de las características actuales y de las perspectivas de nuestro movimiento democrático, la ponderación comprensiva de los intereses legítimamente representados por los partidos a nombre  de sus militantes; el reconocimiento de la existencia de amplios sectores independientes que constituyen factor importante de la vida nacional y con el firme propósito de auspiciar la unión de todas las fuerzas ciudadanas debe concretar el  esfuerzo para lograr la organización de la Nación venezolana, respondiendo seria y responsablemente ante las urgencias  del país. Esa unidad para conformar una  Alternativa Democrática debe contemplar  cuatro aspectos constitutivos esenciales como lo son lo político, lo programático, lo electoral y lo gubernamental.

Ese encuentro debe comprometerse en una política nacional de largo alcance, cuyos dos polos podemos definir así: a) búsqueda  de la seguridad de que el proceso electoral y los Poderes Públicos que de él van a surgir respondan a las pautas democráticas de la libertad efectiva del sufragio; y b) establecimiento de la garantía de que el proceso electoral no solamente evite la ruptura del frente unitario, sino que lo fortalezca mediante la despersonalización del debate, la erradicación de la violencia ínter partidista y la definición de normas que faciliten la formación del Gobierno y de los cuerpos deliberantes de modo que ambos agrupen equitativamente a todos los sectores de la sociedad venezolana interesados en la estabilidad de la República como sistema democrático y popular de Gobierno.

El ideal de la unidad como instrumento de lucha democrática,  contra las fuerzas en actitud de concretar  el despotismo, será la formación de planchas únicas para los cuerpos colegiados con base de un solo programa legislativo integral  cuya ejecución sea el punto de partida de una administración nacional patriótica y del afianzamiento de la democracia como sistema en lucha frontal contra la pobreza.

Otro paso importante será la selección de un candidato presidencial democrático unitario. La unidad democrática y popular defensiva conducirá a un  gobierno unitario cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que puedan amenazar la estabilidad democrática.  El Gobierno de Unidad Nacional es el camino para garantizar una Venezuela pacifista en el concierto de las naciones así como  la realización de un programa que rescate para todos de la seguridad jurídica, el respeto a la propiedad privada, la libertad educativa, el libre emprendimiento, los derechos de expresión e información,   la seguridad personal,  la seguridad social, el empleo estable, el autoabastecimiento, la vivienda digna  y las impostergables obras de infraestructura que necesita el país para la recuperación de los sectores productivos.

Se hará justicia para construir la paz. No se comprende cómo después de este lapso aciago puedan existir ciudadanos que no hayan tomado una decisión, al menos en su fuero interno, sobre la situación nacional. Muchos de los que se ilusionaron  con el planteamiento mesiánico han recapacitado y se encuentran hoy decepcionados ante el actual estado de cosas. Para ellos debemos tender la mano amiga que los reciba con  beneplácito al campo de la auténtica venezolanidad.

Pero una auténtica justicia  deberá juzgar, con todas las garantías procesales, a quienes, olvidándose de sus responsabilidades y apuntalados en el poder, infringieron normas legales y éticas.   Para ellos, sin preestablecer culpabilidades fuera de la estructura jurídica,  deberá caer todo el peso de la ley. 

Es la hora de la objetividad y la sindéresis, deben primar en lo necesario. El encuentro, la equidad, el desprendimiento, el juego limpio y las reglas claras. Se hace necesaria la concientización de dicha realidad mucho más allá de las palabras y una actuación cónsona con los altos intereses del país. Si ello no es así, si predominan los intereses individuales y de grupo por sobre los colectivos, iremos rumbo al fracaso y hacia la pérdida de todo lo que se considera como valores y procederes democráticos.

Movimiento de Acción para la Grandeza de Venezuela "MAGAVE"
CONSEJO EDITORIAL

 

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