#MagaveEditorial.- 1/6/26.- AUGE Y CAÍDA DE LA ECONOMIA EN VENEZUELA

 Auge y Caída de la Economía en Venezuela

La economía venezolana pasó de ser una de las más ricas de América Latina a sufrir un colapso histórico sin precedentes. Su trayectoria se define por una extrema dependencia del petróleo, un modelo de gasto público insostenible y décadas de políticas de control estatal que destruyeron su aparato productivo. 

Entre 1950 y 1995 Venezuela fue el país de América Latina con mayor renta per cápita, aunque a partir de 1996 esta empezó a disminuir.

La mayor expansión de la actividad productiva se logró como resultado del aumento de la producción nacional, estimulada por las políticas públicas del ministro Felipe Gómez Álvarez, destacado ingeniero agrónomo y ministro de Agricultura y Cría durante el siglo XX. Sus políticas públicas se enfocaron específicamente en el desarrollo y la tecnificación del sector agrícola, así como en la creación de instituciones de educación superior orientadas al campo, como la UNELLEZ,  Donde se alcanzó el pleno abastecimiento y se exportó parte de esa producción agropecuaria, exportamos arroz, pollos, café, sardinas, "el quinto productor de atún a nivel mundial", apenas se importaba soya para la producción de aceite. La prosperidad en nuestras zonas rurales era evidente, con bajo desempleo, salarios competitivos con las zonas urbanas, buena capacidad de consumo con precios de alimentos accesibles para las familias. La actividad productiva nacional se reflejó en el producto interno bruto y los elevados niveles del poder adquisitivo existentes para la época.

En los años ochenta se generó un "milagro agrícola" mediante subsidios masivos. Orientando el campo hacia la producción rentable y competitiva con miras a la exportación, en lugar de enfocarse únicamente en el autoabastecimiento.

El Gran Viraje, conocido por sus detractores como el Paquetazo Económico, fue un programa de reformas económicas adoptado en Venezuela en febrero de 1989 durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez. En 1990, con un marco macroeconómico más sano y un ambiente más favorable para los negocios, la actividad económica tuvo el mayor ritmo de crecimiento de los últimos nueve años del siglo XX. Se aplicaron reformas de mercado, liberación de precios y privatizaciones para frenar el declive de la economía rentista petrolera.

La economía venezolana en los últimos 35 años (1991-2026) ha transitado de un modelo de ajustes en los años 90 a un férreo control estatal.

La grave y mayor crisis económica de Venezuela comenzó a gestarse en el 2001 cuando se inicia la mision Agro Venezuela con la aplicacion de leyes confiscatorias, donde unas 15.000 fincas,hatos y haciendas, para un estimado de unos 6 millones de hectareas fueron tomadas de los propietarios privados y asignadas al mega proyecto publico denominado Gran mision Agro Venezuela,  cuyo objetivo era aumentar producción y reducir precios, grandes recursos se dedicaron a este proyecto, ejemplos: el proyecto de producción de soya en los estados Anzoategui y Monagas donde se asignaron 10000 hectareas de las tierras quitadas a los privados para este proyecto, resultados no se sembró las hectareas programada, a pesar de los créditos otorgados y la planta para procesar la soya esta abandonada en el tigre. Igual sucedio con la toma de la flota atunera y las plantas procesadoras de atún, resultado hoy somos importadores de atún enlatados.

En estos dos proyectos se perdieron miles de millones de dólares.

Igual sucedió con los centrales azucareros, las torrefactoras de café, procesadoras de arroz, maíz, empresas lácteas, mataderos industriales, agroquímicos, silos, etc. Hoy somos importadores de muchos de los productos que antes cubrían el consumo nacional.

Resultado: pérdidas de miles de millones de dólares del patrimonio público y caída de la producción nacional, así como un deterioro evidente en la casi totalidad de las fincas, hatos y haciendas ocupadas.

A principios de la década de 2010, las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Chávez durante la década anterior, como el gasto excesivo y el control de precios, se volvieron insostenibles. La economía venezolana se estancó mientras aumentaban la pobreza, la inflación y la escasez.

La grave crisis económica de Venezuela comenzó a gestarse entre 2010 y 2013, detonando en una depresión histórica a partir de ese último año.

Su cronología se divide en dos fases principales: 

Gestación (2010-2012): La fuerte dependencia del petróleo, las expropiaciones masivas, el control de cambios (CADIVI) y los controles de precios comenzaron a destruir el aparato productivo nacional, generando escasez y una fuerte inflación.

Colapso e Hiperinflación (2013-2017): Tras alcanzar su mayor tamaño histórico en 2012, la economía colapsó a partir de 2013 por el desplome de los precios internacionales del petróleo y la caída en la producción de PDVSA. Ante la falta de ingresos, el gobierno optó por emitir dinero sin respaldo, lo que desató una hiperinflación descontrolada en 2017.

En la década de 2020, el gobierno flexibilizó algunos controles (permitiendo la circulación de divisas y reduciendo la hiperinflación), lo que frenó la caída libre y generó un leve repunte. Sin embargo, la economía actual se caracteriza por: 

Un PIB deprimido: Aunque ha mostrado ligeros crecimientos porcentuales recientemente, parten de una base muy baja y el PIB total permanece muy por debajo de los niveles de hace dos décadas.

Salarios mínimos pulverizados: El colapso del valor del bolívar y la falta de ajustes del salario mínimo lo han reducido a niveles mínimos (por debajo de $3 mensuales).

Dependencia renovada: El país todavía intenta mantener su frágil estabilidad dependiendo en gran medida de las fluctuaciones del petróleo y la apertura a la participación de empresas extranjeras en el sector

La economía venezolana ha sufrido durante décadas las consecuencias de políticas económicas desastrosas y, más recientemente, de las sanciones económicas. El país ha experimentado el mayor descenso en el nivel de vida jamás registrado fuera de los escenarios de guerra, revolución o colapso del Estado.

El nivel de vida en Venezuela, país rico en petróleo, se desplomó un asombroso 74% entre 2013 y 2023. Esta es la quinta mayor caída del nivel de vida en la historia económica moderna.

La economía del país colapsó bajo un solo gobierno en tiempos de paz. Pero esta implosión económica es comparable a las ocurridas en Irak, Líbano y Liberia —países devastados por la guerra o la guerra civil— o en Georgia, Moldavia y Tayikistán tras la caída de la Unión Soviética, que provocó el derrumbe del Estado y de todo el sistema económico.

El declive de Venezuela se debió en gran medida a sus políticas económicas internas.

El futuro de Venezuela se proyecta bajo la expectativa de una transición política y la recuperación económica, enfrentando el enorme desafío de superar una compleja crisis humanitaria y el colapso de sus servicios públicos. Mientras tanto, si las políticas que provocaron el colapso siguen vigentes, es improbable que Venezuela se recupere de manera significativa. 

Recuperar la economía en Venezuela exige un plan integral de estabilización macroeconómica, el cual incluye unificar el tipo de cambio, reestructurar la deuda externa, sanear el déficit fiscal y restablecer la confianza mediante el respeto a la propiedad privada y la simplificación de trámites para atraer inversión. 

Los pasos fundamentales para lograrlo incluyen:

Estabilización macroeconómica: Frenar la hiperinflación mediante políticas monetarias y fiscales disciplinadas.

Apertura y flexibilización: Simplificar radicalmente el proceso para abrir empresas y crear un sistema de impuestos más simple y competitivo para fomentar el emprendimiento.

Reestructuración de la industria petrolera: Permitir la inversión público-privada para recuperar la infraestructura, atraer capital extranjero y modernizar los pozos de PDVSA.

Seguridad jurídica: Garantizar el respeto a la propiedad privada y revertir las políticas de expropiaciones y controles de precios para generar confianza en los mercados. 

Venezuela también debería implementar un sistema de impuesto sobre la renta simple y de baja tasa, similar al de Singapur, o incluso un impuesto de tasa única, como lo han hecho Estonia y Bulgaria. La combinación de un régimen fiscal ultrabajo y el dólar estadounidense como moneda de conversión oficial convertiría rápidamente a Caracas en un imán para el capital regional y global. Esto estimularía un poderoso auge nacional, generando riqueza a partir de una base mucho más amplia que la de los yacimientos petrolíferos venezolanos.

Otra medida para generar confianza sería que el nuevo gobierno simplificara radicalmente el proceso para iniciar un negocio legal. Esto eliminaría todas las licencias y tasas que plagan a las startups y que son focos de corrupción. Nueva Zelanda y Dinamarca son ejemplos reales de cómo lograrlo.

Que el nuevo gobierno considere la creación de un fondo de riqueza, en el que se depositaría anualmente una cierta cantidad de los ingresos del petróleo y el gas para su gestión como un fondo mutuo. Tras un período que permita el crecimiento de los activos, se podrían instituir dividendos anuales y distribuirlos a todos los individuos. De esta manera, cada ciudadano tendría un interés personal en la salud de la industria petrolera nacional. El estado de Alaska cuenta con un fondo de este tipo y podría servir de modelo para Venezuela.

Y, por último, no debería haber aranceles. Son impuestos que obstaculizan el crecimiento.

Lo de Venezuela no es exactamente una crisis y tampoco hay soluciones rápidas, lo de Venezuela es un proceso de destrucción y ruina espiritual, moral, cultural, social, política y material planificado y perpetrado por una banda de corruptos ineptos izquierdistas.

Movimiento de Acción para la Grandeza de Venezuela "MAGAVE"

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